Saturday, February 19, 2005

Compás de dudas

Después de haber escrito De sangre me fui a dormir, aunque me costó mucho trabajo lograrlo, tenía mucho frío, un frío interior que me es difícil describir. Trataba de olvidar las imágenes traídas del pasado, volverlas a esconder, olvidarlas desde mi superficie conciente.
Pasó largo rato hasta que concilié el sueño y desperté muy temprano con un amargo sabor de boca, como si hubiera corrido una noche de alcohol y desvelo. Y de nuevo el recuerdo en mi realidad.
Ahora sé, después de una sesión de análisis, donde tras narrar mis sueños, que trato de esconder algo obviamente visible, un dolor que mucho tiempo fue acallado y descartado, pero que no se ha difuminado. Además las dudas atenazan mi mente. Quisiera preguntar a quien hubiera estado ahí, qué fue lo que alcanzo a ver que mi ceguera parcial impidió que notara. No tengo valor de interrogar a los personajes primarios ni secundarios pero me siento ante una barranca parada de puntitas, tal y como he venido caminando todos estos años para no hacer daño a nadie con mis preguntas, sin embargo he causado daño con mi mal humor y amargura, porque de alguna manera se manifiesta lo que creí bien guardado.
Afectados fueron muchos campos de mi integridad como lo es la indefinición de intimidad, de sexualidad, de identidad. Detenidos desde antes de haber sido testigo de sus confesiones incompletas.
Desde aquel momento la familia entera quiso difuminar todo, hacer como si no hubiera pasado nada. Mi madre, cada vez que nos veíamos insistió en que otorgara perdón a ella, a mi hermana; y lo hice, no por convicción o tal vez sí, para no cargar con culpas acerca de lo sucedido porque mi madre aducía que era culpa mia por el hombre que elegí como pareja. Así que me cambié de casa, jugué a poner todo en orden como no lo había hecho nunca y proseguía inmersa en mi trabajo que era lo único en donde yo era yo, Marejadas.
Y así fue como voluntariamente me callé la boca...

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